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martes, 15 de enero de 2013
EL FIN DE DIOS
El Fin de Dios - BBC por f100001303728201
Después de ver el vídeo redacte un texto argumentativo en el que se evidencie su posición frente a la temática tratada en el vídeo.
Elabore tres conclusiones desde el punto de vista religioso, tres desde el científico y tres desde su propio punto de vista.entrgar el trabajo por el grupo de EDMODO.com.
miércoles, 20 de junio de 2012
INFORME EXTRATERRESTRE
Esta joya es un informe encontrado por Jaime Garzón en el escritorio de Godofredo Cínico Caspa....ahí les dejo
Informe de una tripulación espacial procedente de la vía Acua. Informe telemétrico realizado después de aterrizar y observar la tierra. Para ver si era posible establecer un contacto intercultural.
Hemos llevado a cabo la exploración que se nos encargó y hemos podido observar de cerca sin ser observados, gracias a nuestras supersónicas cortinas de humo, la superficie entera deIl planeta tierra y los cambios que tienen lugar en ella. Cambios que, creemos son debidos a su mayor o menor distancia de la estrella central de la cual recibe luz y calor.
Después de observaciones repetidas y pruebas, hemos llegado a la conclusión de que si existe vida vegetal y animal en el planeta tierra y hay en él una gran variedad de seres vivos que hemos pasado estudiar con detalle.
La especie más influyente parece ser la de unos bípedos de piel lisa que habitan en colonias con una rígida organización. Los dichos seres vivos habitan en hormigueros altos de forma generalmente rectangular con celdas individuales para cada subgrupo o en algunos casos para cada individuo. De estas celdas salen todos aproximadamente a la misma hora y aparecen revestidos de caparazones de diversos colores, aunque todos obedecen a un patrón general que cambia con las estaciones. Después entran en unas cápsulas de superficie metálica, con cuatro ruedas y se agrupan en líneas apretadas unos detrás de otros a lo largo de canales cuidadosamente trazados y avanzan lentamente durante largo rato en direcciones contrarias. Conducta extraña cuya razón no hemos podido averiguar. Esas máquinas producen grandes ruidos y humos que según nuestras conjeturas, basadas en la frecuencia y cantidad de esos humos, parecen ser la atmósfera que necesitan para sobrevivir y por eso la renuevan constantemente. Por lo que toca a los ruidos, también parecen una comunicación pre-vocálica destinada a mantener el contacto con el grupo mientras cada individuo está en su propia cápsula.
Al cabo de un tiempo, en el mismo día se invierte el proceso y las cápsulas vuelven a los hormigueros de donde habían partido. Una vez en ellos, por lo que hemos observado a través de las ventanas, se acomodan frente a una pequeña pantalla que no falta en ninguna celda y en la que aparecen sombras y luces al mando de un botón. Es posible que esa sea la manera que tienen de alimentarse y por eso no pueden pasársela si ella.
Un fenómeno extraño que hemos observado es que, con frecuente regularidad se reúnen grandes multitudes de bípedos, en unos enormes anfiteatros escalonados, desde donde observan a un reducido número de ellos, que ejecutan rápidos movimientos difíciles de explicar en torno a un objeto generalmente esférico, de mayor o menor tamaño y dan grandes muestras de excitación mientras dura el extraño rito. Quizá esto tiene alguna relación con el ciclo sexual de la especie, pero no hemos podido confirmar esta hipótesis.
Lo más inexplicable de todo lo observado es el echo que hemos comprobado una y otra vez en medio de nuestro más aturdido asombro y es que los dichos bípedos se atacan unos a otros sin razón o motivo alguno que parezca poder justificar la agresión. Esto a veces entre individuos a veces entre grupos y a veces entre clanes enteros por largos períodos. Nada hay en nuestros propios conceptos que pueda explicar tan absurda conducta.
Por todas estas razones pues hemos llegado a la conclusión definitiva de que los bípedos de piel lisa no son seres racionales, que la inteligencia aún no se ha desarrollado en el planeta tierra, que tardará aún muchas edades cosmológicas en aparecer y que, por consiguiente, es inútil hablar de un contacto cultural con los seres que hoy habitan la tierra. Nuestra misión ha terminado.
Después de observaciones repetidas y pruebas, hemos llegado a la conclusión de que si existe vida vegetal y animal en el planeta tierra y hay en él una gran variedad de seres vivos que hemos pasado estudiar con detalle.
La especie más influyente parece ser la de unos bípedos de piel lisa que habitan en colonias con una rígida organización. Los dichos seres vivos habitan en hormigueros altos de forma generalmente rectangular con celdas individuales para cada subgrupo o en algunos casos para cada individuo. De estas celdas salen todos aproximadamente a la misma hora y aparecen revestidos de caparazones de diversos colores, aunque todos obedecen a un patrón general que cambia con las estaciones. Después entran en unas cápsulas de superficie metálica, con cuatro ruedas y se agrupan en líneas apretadas unos detrás de otros a lo largo de canales cuidadosamente trazados y avanzan lentamente durante largo rato en direcciones contrarias. Conducta extraña cuya razón no hemos podido averiguar. Esas máquinas producen grandes ruidos y humos que según nuestras conjeturas, basadas en la frecuencia y cantidad de esos humos, parecen ser la atmósfera que necesitan para sobrevivir y por eso la renuevan constantemente. Por lo que toca a los ruidos, también parecen una comunicación pre-vocálica destinada a mantener el contacto con el grupo mientras cada individuo está en su propia cápsula.
Al cabo de un tiempo, en el mismo día se invierte el proceso y las cápsulas vuelven a los hormigueros de donde habían partido. Una vez en ellos, por lo que hemos observado a través de las ventanas, se acomodan frente a una pequeña pantalla que no falta en ninguna celda y en la que aparecen sombras y luces al mando de un botón. Es posible que esa sea la manera que tienen de alimentarse y por eso no pueden pasársela si ella.
Un fenómeno extraño que hemos observado es que, con frecuente regularidad se reúnen grandes multitudes de bípedos, en unos enormes anfiteatros escalonados, desde donde observan a un reducido número de ellos, que ejecutan rápidos movimientos difíciles de explicar en torno a un objeto generalmente esférico, de mayor o menor tamaño y dan grandes muestras de excitación mientras dura el extraño rito. Quizá esto tiene alguna relación con el ciclo sexual de la especie, pero no hemos podido confirmar esta hipótesis.
Lo más inexplicable de todo lo observado es el echo que hemos comprobado una y otra vez en medio de nuestro más aturdido asombro y es que los dichos bípedos se atacan unos a otros sin razón o motivo alguno que parezca poder justificar la agresión. Esto a veces entre individuos a veces entre grupos y a veces entre clanes enteros por largos períodos. Nada hay en nuestros propios conceptos que pueda explicar tan absurda conducta.
Por todas estas razones pues hemos llegado a la conclusión definitiva de que los bípedos de piel lisa no son seres racionales, que la inteligencia aún no se ha desarrollado en el planeta tierra, que tardará aún muchas edades cosmológicas en aparecer y que, por consiguiente, es inútil hablar de un contacto cultural con los seres que hoy habitan la tierra. Nuestra misión ha terminado.martes, 13 de diciembre de 2011
Será que la tecnología embrutece o no hemos sabido encaminarla?
Camilo Jiménez, periodista y profesor de Comunicación Social de la Javeriana, renunció a su cátedra.





Un párrafo sin errores. No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza que pudiera pasar por literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de condensar un texto de mayor extensión, es decir, un resumen, un resumen de un párrafo, en el que cada frase dijera algo significativo sobre el texto original, en el que se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito -ortografía, sintaxis- y se cuidaran las mínimas normas: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. Era solo componer un resumen de un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.
No voy a generalizar. De 30, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos en sus 20 años no pudieron, en cuatro meses, escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado, entregarlo en el plazo pactado y usar un número de palabras limitado, que varió de un ejercicio a otro. Estudiantes de Comunicación Social entre su tercer y su octavo semestre, que estudiaron doce años en colegios privados. Es probable que entre cinco y diez de ellos hubieran ido de intercambio a otro país, y que otros más conocieran una cultura distinta a la suya en algún viaje de vacaciones con la familia. Son hijos de ejecutivos que están por los 40 y los 50, que tienen buenos trabajos, educación universitaria. Muchos, posgraduados. En casa siempre hubo un computador; puedo apostar a que al menos 20 de esos estudiantes tiene banda ancha, y que la tele de casa pasa encendida más tiempo en canales por cable que en señal abierta. Tomaron más Milo que aguadepanela, comieron más lomo y ensalada que arroz con huevo. Ustedes saben a qué me refiero.

Por supuesto que he considerado mis dubitaciones, mis debilidades. No me he sintonizado con los tiempos que corren. Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas; a lo más, vemos una o dos en todo el semestre. Quizá, ya no es una manera válida saber qué es una crónica leyendo crónicas, y debo más bien proyectarles una presentación con frases en mayúsculas que indiquen qué es una crónica y en cuántas partes se divide. Mostrarles la película Capote en lugar de hacer que lean A sangre fría. Quizá, no debí insistir tanto en la brevedad, en la economía, en la puntualidad. No pedirles un escrito de cien palabras, sino de tres cuartillas, mínimo. Que lo entregaran el lunes, o el miércoles.
De esas limitaciones y dubitaciones, quizá, vengan las pocas y tibias preguntas de mis estudiantes este último semestre, sus silencios, su absoluta ausencia de curiosidad y de crítica. De ahí, quizá, vengan sus párrafos aguados, con errores e imprecisiones, inútilmente enrevesados, con frases cojas, desgreñadas. Esos párrafos vacilantes, grises, que me entregaron durante todo el semestre. Pareciera que estoy describiendo a un grupo de zombis. Quizá, eso es lo que son. Los párrafos, quiero decir.
El curso se llama Evaluación de Textos de No Ficción y pertenece a la línea de Producción Editorial y Multimedial de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Javeriana. En cuanto a lecturas, siempre propuse piezas ejemplares en los géneros más notorios de la no ficción: crónica, perfil, ensayo, memorias y testimonios. A partir de clásicos nacionales y extranjeros, los estudiantes componían escritos como los que debe elaborar un editor durante su ejercicio profesional. Primero, un resumen: todos los textos de los editores son breves, o deberían serlo -contracubiertas, textos de catálogo, solapas, etcétera-. Una vez que la mayoría hubiera conseguido un resumen pertinente y económico, pasábamos a escritos más complejos: notas de prensa y contracubiertas, para terminar con un informe editorial o una reseña.

En el centro de todo el programa estaban la participación y la escritura de textos breves a partir de otro texto mayor. Insistí siempre en la participación en clase para fomentar actividades que noto algo empañadas en la actualidad: la escucha atenta, la elaboración de razones y argumentos, oír lo que uno mismo dice y lo que dice el otro en una conversación.
El otro concepto transversal, la economía lingüística, buscaba mostrarles la importancia de honrar la prosa. Si uno en 100 palabras debe sintetizar un libro de 200 páginas, debe cuidar cada palabra, cada frase, cada giro. En últimas, la palabra escrita les dará de comer a estos estudiantes cuando sean profesionales, no importa si se desempeñan como editores de libros, revistas o páginas web, como periodistas o como profesores e investigadores.
Los estudiantes de este último semestre, y los de dos o tres anteriores, nunca pudieron pasar del resumen. No siempre fue así. Desde que empecé mi cátedra, en el 2002, los estudiantes tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo. Pero se lograba avanzar. Lo que siento de tres o cuatro semestres para acá es más apatía y menos curiosidad. Menos proyectos personales de los estudiantes. Menos autonomía. Menos desconfianza. Menos ironía y espíritu crítico.
Debe ser que no advertí cuándo la atención de mis estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. El estado de Facebook. "Esos gorditos de más". El mensaje en el Blackberry.
Nunca he sido mamerto ni amargado ni ñoño: a los 20 años, fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates. Quería ver tetas, e hice cosas de las que ahora no me enorgullezco por tocarlas. Empeñé mucho, mucho tiempo en eso. Pero leía.
No sé. En esos tiempos lo importante, creo, era discutir, especular, quedar picados para buscar después el dato inútil. Interesaba eso: buscar. Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos veinteañeros alumnos míos desde el momento en que todo lo comenzó a contestar ya, ahora mismo, el doctor Google.
Es cándido echarle la culpa a la televisión, a Internet, al Nintendo, a los teléfonos inteligentes. A los colegios, que se afanan en el bilingüismo, sin alcanzar un conocimiento básico de la propia lengua. A los padres que querían que sus hijos estuvieran seguros, bien entretenidos en sus casas. Es cándido culpar al "sistema". Pero algo está pasando en la educación básica, algo está pasando en las casas de quienes ahora están por los 20 años o menos.
Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee mucho, en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Solo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.
Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición.

Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis. Ya veremos qué pasa dentro de unos pocos años, cuando estos veinteañeros de ahora tengan 30 y estén trabajando en editoriales, en portales y revistas. Por ahora, para mí, ha llegado el momento de retirarme. Al tiempo que sigo con mis cosas, voy a pensar en este asunto, a mirarlo con detenimiento. Pongo el punto final a esta carta de renuncia con un nudo en la garganta.
Camilo Jiménez
Especial para EL TIEMPO
QUÉ PLANTEA EL AUTOR??
IDENTIFIQUEN LOS ARGUMENTOS Y LA CONCLUSIÓN A LA QUE LLEGA EL AUTOR.
¡CUÀL ES SU PUNTO DE VISTA?
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